El período de transición entre el mundo antiguo y el medieval Sebastián Aguilar Velasco B60160 Con el paso del mundo antiguo al medieval los legados musicales fueron detonantes de conflicto en las prácticas religiosas católicas de la Iglesia, la música pagana grecorromana y hebraica difícilmente podían crear una unión co n el canto litúrgico. De esta forma, se debía acoplar el canto cristiano a ambas tradiciones, así como reestablecer los conten idos y valores que se esperaba que este difundiera. Estas nuevas construcciones en la teoría musical ocasionaron polémica en los pensamientos de teóricos y filósofos, así como contradicciones y dualismos en lo que respecta a la naturaleza de la música. Según el pensamiento de San Clemente de Alejandría, las tradiciones antiguas (paganas) inducían a la idolatría, esclavitud, perdición, por ende, a la ruina, mientras que las tradiciones cristiana (el nuevo canto) dotaba de un nuevo valor a la música. No obstante, a pesar de las divergencias que presentaran las tradiciones, en esencia, el poder que se le atribuye a la música es el mismo: esta era un agente armonizador que constituye al universo. Igualmente, se evidencia una repetición de roles como el canto de Orfeo en el canto de David, el cual es también un instrumento de pedagogía y edificación religiosa. Esta pedagogía es asimilada con una mayor utilidad ya que: el canto es música, y la música al componerse de números y armonía es sagrada, aún sin sus sonidos. De esta forma, el valor que pueda tener la música no se perderá ni desconociendo el significado de su canto porque se encuentra santificada antes por el espíritu que por las palabras. De igual forma, el canto silencioso -interiorizado- es igualmente sacro y se identifica cercanamente con la percepción de la armonía cósmica, lo cual conforma otro punto en común entre el pensamiento medieval y pitagórico, así como un punto p unto que permita distinguir entre el canto pagano y el nuevo canto cristiano. Durante la época, surgen nuevas visiones sobre la música entre los pensamientos emergentes. Entre estos, San Agustín en su tratado De tratado De Musica, Musica, expone a la música como una ciencia concebida por la razón más que por los sentidos o el instinto. Esto ha de suceder cuando la música se despoje de los elementos que no se acomoden a su absoluta racionalidad. El placer no tiene cabida en este contexto conceptual aunque únicamente será aceptable cuando se mantenga con moderación y control ya que este es un causante de torpeza e indecorosidad.
El período de transición entre el mundo antiguo y el medieval Sebastián Aguilar Velasco B60160 Tomando en cuenta el pensamiento anterior, en lo referente a la práctica de la música, se puede encontrar una jerarquía establecida. Basalmente se encuentra la música de los instintos como el canto de los pájaros o la música de la naturaleza. Seguido de esto, se encuentran los tañedores o instrumentistas, quienes ejercitan un arte originado a partir de la imitación y el aprendizaje de otros; según las exposiciones agustinianas este tipo de ejercicio no es un arte ya que como no se debe de compartir con los sentidos ni con la memoria, las conocimientos que se puedan desarrollar son propias del cuerpo y no del espíritu. El conocimiento de la música procede de movimientos regulados, leyes temporales, interválicas y numéricas (concepciones de ascendencia pitagórica) que se manifiestan como movimientos conscientes y racionales del alma, la cual se encuentra en conexión con el ; de esta forma la música tiene su origen en los entornos internos, es una operación del alma. Finalmente, la última categoría jerárquica se denomina consiste en un espacio donde la música se direcciona d esde las sensibilidades externas hacia el último escenario de interiorización racional o juicio. Esto puede subdividirse en sensuales, los cuales determinan la aprobación o desaprobación de los movimientos del alma, y rationales, determinan la licitud de los placeres. El juicio de estos números se sustenta en la capacidad del alma al poseer los modelos numéricos perfectos que tienden a la unidad e igualdad. En el pensamiento de San Agustín, la igualdad mencionada anteriormente remite a un concepto de estética. La superioridad o inferioridad de esta belleza dependerá de los números, sin embargo, la belleza superior siempre reflejará sus facultades sobre las bellezas inferiores para así remitir al alma el modelo eterno de belleza y que pueda remontarse a este, evitando así el amor a bellezas inferiores. Esta belleza en la música ha sido ap rovechada por la Iglesia milanesa en la creación de himnos y salmos conforme al uso de ciertas regiones de Oriente para evitar el deterioramiento de la actitud de las personas del pueblo gracias a la pesadumbre; y de esta forma, comprende San Agustín el poder de la música para el acercamiento del pueblo a la fe, siempre dispuesta de una forma serena y educada para estimular al espíritu.
El período de transición entre el mundo antiguo y el medieval Sebastián Aguilar Velasco B60160 De esta forma, según lo expuesto anteriormente, se puede apreciar un dilema entre la aceptación de los placeres, ignorando las teorías metafísicas de los números, o el rechazo a este placer a favor de la pureza de las plegarias espirituales. Esto se mantendrá durante la mayor parte del pensamiento medieval, la conceptualización de la música como una práctica de la estética pitagórica de los números, así como una experiencia sonora objeto de placer sensible que imita las pasiones. Otros teóricos como Boecio trabajaron igualmente en pensamientos similares, aunque, a diferencia de San Agustín, en este caso se expresaron como tratados de armonía parecidos similares a los de la Antigüedad clásica. El pensamiento de Boecio remitió a las doctrinas platónicas de la música, en las cuales esta era un hecho igual la naturaleza de todo ser vivo perceptivo; el conocimiento de la música era ciencia racional, moral y especuladora. De esta forma, era igualmente reconocida como una herramienta poderosa capaz de educar y motivar (positiva y negativamente) a quienes la aprovechan. Por consiguiente, al ser parte de nuestra naturaleza, y por ende imprescindible, no solo se debe de tomar como un objeto de deleite, sino debe de ser estudiada; se deben de conocer sus proporciones existentes por la relación de sonidos. Este pensamiento clásico se aparta de la significación y consecuencias religiosas de la música, permitiendo así mismo elaborar diferentes subdivisiones de la música en tres géneros: mundana, humana e instrumental. Por un lado, la música mundana es una referencia a la música de las esferas y la armonía universal, emanada por el ambiente y la naturaleza, e imperceptible por el ser humano gracias a su perfección y su condición verdadera. La música humana es el reflejo de la música de las esferas a través armonía que se une entre el alma y cuerpo comprendida por la introspección, mientras que la música instrumental es el producto de la tensión, aire y golpes en ciertos instrumentos sonoros. Esto último sucede gracias al conocimiento y la intención que nacen para la ejecución musical, aunque Boecio enfatiza en el papel racional que se ha de acoger y que ha de diferenciar a un músico de un esclavo.
El período de transición entre el mundo antiguo y el medieval Sebastián Aguilar Velasco B60160 Según San Agustín los instrumentistas se encuentran alejados de la comprensión de la música por su trabajo como siervos, así como los poetas por basar sus creaciones en sus instintos naturales, mientras quienes juzgan y examinan ritmos, cantos y poesía en conjunto, tomando como base la razón, llegan a conocer la música verdadera y exacta. No obstante, Boecio, a pesar de reconocer la importancia de la razón y la ciencia en la música, expone la trascendencia que la práctica de esta ya que existen hechos que se desconocen de no ser por su audición. Se ha de investigar con el sentido y razón de las diferencias entre sonidos agudos y graves, esto porque el sentido permite descubrir, pero la razón da integridad a lo descubierto. Estos pensamientos derivados del pitagorismo también se encuentran reflejados en pensadores como Casiodoro, quien abstrae elementos de Boecio pero los direcciona a un valor ético y religioso. En su visión, la música se considera como armonía y ritmo interno, por lo que obedece a los mandamientos divinos de la armonía superior; en caso de desobedecerlos, desaparece la música. De igual forma, se percibe el arte musical como una disciplina numérica reflejada en sonidos, así como un portador de virtudes curativas y éticas, demostrando así un punto de enlace entre el pensamiento pitagórico y el cristiano medieval. De esta forma, se percibe a la música como la ciencia de todas las ciencias y un espacio unificador de mundos diferentes: el ético e intelectual. Esto también fue propuesto por Isidoro de Sevilla, quien, aunado a lo anterior, afirmaba la naturaleza estabilizadora de la música para mantener el equilibrio universal mediante armonía sonoras y modulaciones armónicas. Igualmente, reconoce la significancia del poder emocional que esta tiene, así como el que tienen las palabras y su conexión con la armonía. Los pensamientos previamente expuestos son un mediador entre dos temporalidades históricas diferentes entre sí que establecieron sus bases en la Grecia Clásica. Esto fue el causante de una serie de teorías que fueron reformando poco el imaginario artístico musical y consigo sus espacios fundamentales: la sociedad y su desarrollo estructural.